miércoles, 13 de enero de 2010

UNIDAD 58: EL ARTE ISLÁMICO

"La función del arte será resaltar la condición efímera y mudable de la naturaleza y de las propias formas artísticas, lo que se consigue con múltiples recursos de expresión plástica en los que la luz juega un papel esencial (...). Entre los variables recursos de expresión estética de lo mudable se destacan la articulación del muro en varios planos, la aplicación cerámica a la arquitectura y el uso de celosías. De un lado, el muro islámico, en el que la decoración va resaltada sobre el fondo, con la incidencia de la luz siempre cambiante, permite que las formas se muevan constantemente. Si a ello se añade la cerámica vidriada, entonces ésta brilla, reluce y refleja la luz en miríadas de puntos luminosos. Ambos recursos acentúan el efecto de incorporeidad y atectonismo, las formas carecen de peso, pierden materialidad, aparecen como suspendidas, constituyendo un manto evanescente y siempre mudable”

Borrás Gualis, G.M.: Arte del islam. En Bango, I, y Borras, G.: Conocer el arte. Historia 16, Madrid, 1996, vol 6



ARQUITECTURA ISLÁMICA

Fundamentos históricos


La civilización islámica fue el resultado de la nueva religión predicada por Mahoma (570-632). Ella permitió la unificación de las diversas tribus árabes y la posibilidad de su expansión, primero a costa de los Imperios Bizantino y Persa. La expansión proseguiría por el Norte de Africa hasta llegar a la Península Ibérica, dominada en esos momentos por los visigodos. Su debilidad y el alto proceso de feudalización existente derivó en una fácil conquista que perduraría ocho siglos (711-1492).

Al-Andalus pasó por diversas fases, desde el emirato dependiente de la capital, Damasco, y su independencia con Abderramán I (756) hasta la independencia y la proclamación del califato (929), lo que dio lugar a un desarrollo cada vez más particular de sus manifestaciones artísticas, compitiendo incluso con los centros del Imperio. La crisis vivida a partir de estos momentos (reinos de taifas) y las sucesivas invasiones de almohades y almorávides hasta llegar al pequeño reino de Granada con los nazaríes no hicieron sino acentuar estos elementos específicos. Hay que hablar pues de una fusión entre los elementos generales típicos de todo arte islámico y, a la vez, el desarrollo de una serie de elementos y fórmulas propios, fruto del proceso de desarrollo político más autónomo y del contacto con las tradiciones locales ya existentes a la llegada de los musulmanes.



Características básicas




1.carácter sintético. Los árabes respetaron en cierta medida las religiones y tradiciones culturales en los territorios conquistados. Adoptaron y adaptaron los elementos que encontraron enriqueciendo con ello el bagaje cultural y artístico propio. Ello ocurrió de forma clara con el arte romano, griego y bizantino y, en el caso hispano, también con el arte visigodo con la importancia concedida al arco de herradura. Ello tendrá como consecuencia la dificultad de definir en ocasiones a este arte como homogéneo al tener un carácter tan integrador dependiente de las peculiaridades del país conquistado, siendo el caso hispano donde ese carácter ecléctico tal vez se vea mejor reflejado.
2.la importancia de la fe: por encima de los elementos arquitectónicos y los recursos técnicos utilizados, lo que cohesiona las construcciones islámicas es la voluntad de expresar su universo religioso: la idea de que lo abstracto racional, como imagen de su mundo inmaterial y trascendente, constituye algo inmutable frente al devenir cotidiano. La fe determinará pues todas las facetas de la vida, también la artística, observable por ejemplo en su aniconismo o carácter iconoclasta provocado por ese concepto de un Dios inaprensible sólo revelado a través de la palabra. Las imágenes no tendrán cabida bajo esta concepción religiosa.
3.su alto grado de abstracción y el importante papel de la matemática y la geometría. Las formas geométricas se imponen por encima de lo emocional y se alejan de la reproducción de la naturaleza, para que el creyente pueda abstraerse de ella. Ello está íntimamente ligado con el elemento anterior al tratar de mostrar un acercamiento al misticismo y la espiritualidad, ámbitos de toda experiencia religiosa.
4.Se tienden a ocultar los elementos constructivos y la estructura de sus edificaciones, y a confundir dichos elementos con la ornamentación o mediante un juego de repeticiones a distintas escalas.. Ello no se debe tanto en la mayoría de las ocasiones a su menosprecio por dichos elementos, sino al deseo de ocultar la pobreza de los materiales y de adecuar los edificios a su función.
5.Relacionado con lo anterior, la importancia de los elementos decorativos. En cierta medida la arquitectura se valora más como soporte de la actividad ornamental. Una decoración en la que la obra de calígrafos y pintores, como copistas de las sagradas escrituras, merece mayor consideración que la labor de los arquitectos, por cuanto define y realza el simbolismo de los edificios. Estos elementos están relacionados con otro principio del arte islámico que es el de su mutabilidad, basada también en principios religiosos pues sólo Dios es eterno, todo lo demás es alterable con el tiempo, también el arte. Esta mudabilidad de las cosas se expresará a través de los mencionados motivos ornamentales por medio de los efectos de luz y color que conseguirán sensaciones de desmaterialización de la arquitectura.


Materiales



Será habitual la utilización de materiales más bien pobres, por cuanto ya desde un principio será una arquitectura que no se caracterice por los edificios de grandes proporciones y extraordinaria solidez, pues no interesará tanto su durabilidad cuanto su inmediata utilización. Por ello, no solían recurrir a materiales de calidad y elevada resistencia como la piedra, que además embellecen o distinguen la construcción. Como los muros se cubrían con yeso o madera sobre los que se labraba la decoración, los materiales más utilizados son el ladrillo y la mampostería.



Elementos constructivos



1.Como soporte se adoptan el pilar y la columna, en la mayor parte de las ocasiones bastante delgados, sobre todo las segundas, porque aguantan techumbres muy ligeras. Los capiteles más utilizados son el corintio (más esquemático y menos naturalista) y, más tarde, el cúbico y el de estalactitas o mocárabes. Las formas clásicas adaptadas serán pues muy utilizadas e incluso con el aprovechamiento de materiales romanos.
2.El arco es un elemento sustancial siendo los más característicos: el arco de herradura que adoptan de los visigodos; el arco túmido o de herradura apuntado; el arco lobulado o polilobulado (adicción en su interior de pequeños arcos en forma de lóbulos, que suelen ser cinco y se trazan adaptados a los lados de un arco apuntado equilátero. Es un arco cordobés que acabará sustituyendo al de herradura); el arco mixtilíneo, formado por líneas rectas y curvas combinadas; el arco de mocárabes; los arcos entrecruzados. Desde Córdoba se extenderá el uso de dovelas que alternan de color (rojo y blanco) o de superficie (una decorada y la siguiente lisa).
3.Las cubiertas de las primeras mezquitas serán techumbres de madera, que acabarán estando muy decoradas (artesonado). El contacto con Occidente hace desarrollarse nuevos modos de cubrición que se centran en las bóvedas, entre las que destaca la de crucería, pero con la peculiaridad de que sus nervios no se cruzan en el centro, sino que conforman en él cuadrados y polígonos (bóveda califal). También aparece la cúpula gallonada (mezquita de Córdoba)


Ornamentación



Habrá un gran contraste entre la austeridad exterior y la profusa decoración interior. Esta decoración, abundante y lujosa, se expande en yeserías y estucos (mezcla de cal y polvo de mármol, alabastro o yeso; es un material barato, flexible, se puede colorear y moldear de múltiples formas pero necesita un soporte arquitectónico al que oculta), mármoles, azulejos (es una cerámica vidriada de color que reviste superficies mediante la técnica del alicatado), mosaicos y pinturas. De forma general se excluirán temas relativos a personas y animales

Sus motivos preferidos serán:

•formas geométricas con la técnica del lazo (lacería: ornamentación geométrica formada por líneas entrecruzadas que dan como resultado diferentes figuras poligonales) que señalan seriaciones infinitas al no ordenarse alrededor de un punto central. Entre las composiciones destaca el círculo, cuyo radio funciona como una unidad lineal; las divisiones de la circunferencia determinan el sistema de proporciones y se pueden convertir en cuadrados, triángulos o polígonos estrellados. La estrella de 16 puntas o más es uno de los motivos fundamentales.
En esta línea estaría también la sebka que consiste en un trazado rehundido de formas curvilíneas, a veces con una apariencia vegetal, pero sujeto a una estricta red poligonal, generalmente en forma de rombos. El hombre debe dudar de los sentidos y confiar más en la razón como vía de acceso al conocimiento y la belleza; la geometría y la matemática tendrán pues un papel fundamental en la comprensión del universo. Perfección, repetición y multiplicidad son los elementos propios de la naturaleza de Dios
•epigráficas: se reproducen pasajes del Corán (Dios sólo se ha mostrado a través de la palabra) pero también se narran gestas de los príncipes o explican la función del edificio. En la llamada “geometría del verso” (todas las letras están regidas por proporciones matemáticas) dos son los tipos fundamentales de letra: la cúfica, de trazos alargados y angulosos, y la nesjí, cursiva y de formas más redondeadas y curvas. No sólo jugarán un papel ornamental sino que también tendrán un valor iconográfico al actuar como sucedáneos de la imagen religiosa.
•formas vegetales estilizadas y esquematizadas (ataurique) generalmente inspiradas en las hojas de acanto de origen clásico. Se organizan generalmente a partir de un tallo central del que salen hojas, flores, frutos que producen un efecto de ilimitada y rítmica alternancia de movimientos. El principio básico que rige estos motivos así como los geométricos es la posibilidad de que cada forma pueda repetirse simétricamente de manera ilimitada.
•mocárabes: prismas que penden de una superficie y se estrechan hacia la parte inferior. Asemejan estalacticas, cada una diferente a la anterior


Tipologías generales



Mezquitas (masyid, “lugar para arrodillarse”): Edificio más importante de la arquitectura islámica, su estructura tomó como base la primera residencia de Mahoma en Medina. Serán estructuras arquitrabadas y de una sola planta cuadrada (o rectangular) estructuradas en varias zonas: el patio o sahn, a cielo descubierto como queriendo evocar el desierto y normalmente rodeado de una arquería (riwaqs o pórticos), disponiéndose en su centro una fuente (sabil) cubierta de un templete para las abluciones y un alminar o minarete o torre de planta circular o geométrica que, adosada a uno de sus lados, servía para llamar a los fieles; la sala de oración (haram) es la zona cubierta que se dividía en naves dirigidas perpendicularmente al muro de la quibla, a fin de que los fieles orienten sus rezos al mihrab (nicho excavado generalmente en el eje central de la quibla que tal vez tuviera origen en los ábsides basilicales y en el aaron de las sinagogas) y La Meca. Otras estructuras existentes en el interior de la mezquita serán el minbar (púlpito muy decorado desde donde el imán o director de la oración pronuncia su sermón); la maxura o construcción situada frente al mihrab y cercana a la quibla que aparece en las mezquitas más importantes y a la que sólo tenían acceso las principales personalidades.
Tipos de mezquita:

◦mezquita hipóstila (gran sala de columnas)
◦mezquita de planta central con cúpula en medio (mezquitas turcas)
◦mezquita de patio con cuatro iwanes o de 4 salas situadas en los ejes del patio (Irán)


Los palacios: tendrán como modelo, sobre todo al principio, a las antiguas villas clásicas que copiaron los Omeyas, a lo que unirán su gusto por el lujo de gusto oriental. Por lo general solían tener una estructura cuadrangular amurallada que separaba el espacio del mundo exterior. En el centro de dicha estructura se disponía un patio a partir del cual se organizaban las distintas dependencias. Normalmente presentan 3 zonas claramente delimitadas: mexuar o recibidor; dependencias públicas entre las que destacaba la sala del trono o diwan; y el haren o zona íntima donde vive el señor con sus esposas, cercana a la cual se sitúan los baños, que también fueron público y tuvieron un gran desarrollo. Tendrán una función a la vez pública y privada, siendo centros de poder y administración a la vez que lugares de descanso
En lo que se refiere a las viviendas, éstas se organizarán igualmente en torno a un patio central volcándose hacia el interior y no presentando fachada destacada o abundantes aberturas.



•Otras edificaciones serán las madrasas (escuelas teológicas donde también residían los estudiantes, estructurada en torno a un patio, con salas comunes y mezquita privada); el caravansar (albergue fortificado destinado a los comerciantes que paran en el camino); los baños (que seguirán los modelos clásicos); el ribat (construcción fortificada donde habitaban una especie de monjes guerreros); el mausoleo (tumba destinada a figuras destacadas, muy habitual en Turquia organizada en torno a una planta centralizada cubierta con cúpula); construcciones defensivas varias (alcázares, torres defensivas, puertas en recodo,...); etc.


La ciudad


La parte principal de la ciudad era la madina. Generalmente estaba cercada de mu­rallas. Muchas veces constituía la ciudad primitiva que iba a ampliarse con el paso del tiempo. Dentro de la madina o medina se encontraba la mezquita mayor y generalmente próxima a ella la qaisariya o alcaicería. Era éste el lugar donde se abrían los comercios de productos ricos y más caros Su trazado como el de la ciudad en general era irregular y de calles estrechas. (...)
Era frecuente asimismo, próximo a la mezquita hubiera un zoco o suq, esto es, un mercado que podía ser permanente o abrirse ciertos días solamente. Podía estar en una plaza aunque no era necesario. El número de zocos era variable y algunos estaban en los arrabales o fuera de las murallas de la ciudad. En relación con comercio y mercado también existían varias fanadiq o alfóndigas lugar que al tiempo servía como depósito de mercancías importadas y de hospedería para comerciantes. Según fuera la situación geográfica podía encontrarse en las cercanías de la mezquita el alcázar con su alcazaba de defensa. Entre los edificios públicos eran frecuentes loS baños de origen y disposi­ción romanos.

Generalmente el crecimiento exigió que se empezaran a construir fuera del recinto inicial habitaciones que constituirían los arbad o arrabales. Cuando poseían entidad suficiente se amurallaban con independencia de la madina aunque próximos a ella. Tanto ésta como los arrabales se dividían en barrios (harat) de muy diferente extensión. (...)

El trazado de las calles era de extrema irregularidad. Salvo algunas principales, la mayor parte de ellas de dibujaban en los espacios que quedaban libres después de construir las casas. Las calles principales debían ser mas anchas aunque no solemos tener datos de sus medidas aproximadas. Unían generalmente puertas de la muralla opues­tas y pasaban por el centro en el que estaba la mezquita mayor. Pero eran muy frecuen­tes y numerosas las calles secundarias estrechas y retorcidas. Entre ellas, la calle ciega, esto es, la calle estrecha que no tenía salida sino que moría en una casa. Cuando se cerraba con alguna puerta se llamaba darb. (...)

Tanto en las calles sin salida como en otras secundarias de estrechez suma se abrían a cierta altura pasos altos entre casas o se colocaban arquillos con misión de entibo lo que confería un aspecto aún más característico a estos ambientes recoletos. En estas calles no había ningún tipo de comercio y la puerta era casi el único vano a la calle. El sistema de vida de puertas adentro en torno al patio interior favorecía esta disposición . En todo caso podían existir algunas ventanas saledizas que los cristianos llamaban ajimeces. Estaban las ventanas o balcones cerradas con celosías espesas que impedían ver lo que ocurría en el interior y por el contrario permitía a las encerradas mujeres contemplar lo que ocurría fuera. (...)



Sentido e interpretación



Es evidente que la religión juega un papel fundamental a la hora de definir esta arquitectura de la fe. La mezquita es su ejemplo básico. Este área sagrada se delimita del exterior profano a partir de gruesos muros que crean sensación de recogimiento. En su interior surge un espacio ilimitado, no determinado longitudinalmente hacia un punto focal concreto, y por tanto ampliable sin perder su equilibrio, sólo determinado por su direccionalidad hacia La Meca.

Junto a este aspecto de fuerte presencia de lo religioso, tal vez lo que hace tan peculiar a este estilo es el hecho de ser una arquitectura del revestimiento, que a modo de epidermis oculta la estructura del edificio. Es éste uno de los factores unificadores del arte islámico y permiten su reconocimiento de India a España. La decoración recubre por completo las superficies de los edificios creando la ilusión de un espacio sin límites y de la inmaterialidad de muros, pilares, columnas y bóvedas. La apariencia de incorporeidad de las edificaciones que parecen desvanecerse en el espacio a través de juegos cambiantes de luz y color a través de diferentes efectos: juegos de luces y sombras (articulación del muro en varios planos o abigarramiento decorativo), de brillos (cerámica), de entreluces (celosías que tamizan la luz y la hacen mudable). A este carácter mutable contribuirán también la utilización de materiales pobres y, sobre todo, la disposición reiterativa y repetitiva de los elementos decorativos, que se multiplican hasta el infinito. La repetición, unida a la densidad ornamental (horror vacui) aumentaran ese efecto de movilidad espacial

El color y la luz tendrán un papel pues fundamental ya que los diferentes materiales empleados, sus contrastes de texturas, planos y colores, reaccionan de múltiples formas al incidir sobre ellos la luz, natural o artificial. Unos materiales la reflejan, otros la encubren.

Estos efectos de deconstrucción del espacio arquitectónico haciéndolo inmaterial e ilimitado se veían acompañados de la presencia de objetos portátiles artesanales que, aparte de mostrar el poder del príncipe, reforzaban estas tendencias plásticas pues repetían en sus decoraciones los motivos de los revestimientos.

Finalmente, la integración de las construcciones en la naturaleza implica el uso del agua y de las plantas de los jardines. El agua actúa como espejo, refleja las imágenes multiplicándolas y hace de enlace de los diferentes espacios. Unida a los jardines produce una sensación de reposo y frescor que serán símbolos del Paraiso para el musulmán.



Ejemplos arquitectónicos




Internacional: Omeyas (661-750) mezquita de Damasco, mezquita de Omar en Jerusalén (cúpula de La Roca), palacio de Qusayr Amra (Jordania); Abasíes (750-XI) mezquita de Samarra en Iraq y de Ibn Tulum en el Cairo (IX); Otomanos (XIV-XX) mezquitas de Suleimán y Azul en Estambul; India Taj Mahal

España: mezquita de Córdoba (785-XI) ciudad-palacio de Medina Azahara (X), mezquita de Bab-al-Mardum, alcazabas de Almería y Málaga (XI), palacio de la Aljafería (XI), alcázar y mezquita de Sevilla, la Giralda (XII), Torre del Oro (XIII), Alhambra de Granada (XIV-XV)



ARQUITECTURA ISLÁMICA ESPAÑOLA


EL CALIFATO CORDOBÉS


En el año 711 los musulmanes llegan a España aprovechando el momento de serio deterioro del poder visigodo. La capital definitiva se establece en Córdoba que se convertirá en una de las ciudades con mayor esplendor y riqueza cultural del momento. En el 755 llega a la Península Abd al-Rahman I, único omeya que se había salvado de las matanzas y las persecuciones de los abbasíes. Este, en el siglo VIII funda el emirato de Córdoba que, en el siglo X se convertirá en califato. Las tres obras más importantes de este momento son la mezquita de Córdoba, el palacio de Medina Azabara y la mezquita de Bab-al-Mardum.

La mezquita de Córdoba, obra cumbre del arte califal, representa la fusión de los elementos islámicos y los procedentes de la tradición artística de nuestro país, especialmente del arte visigodo y del romano. De los visigodos aprenden a utilizar el arco de herradura, aunque con un peralte mayor.

Los romanos, a su vez, fueron una importante fuente de inspiración para los musulmanes en múltiples aspectos. Del acueducto de los Milagros, en Mérida, se aprendió a combinar piedra y ladrillo, lo cual introduce un juego cromático en la arquitectura. Abd al-Rahman I mandó construir la mezquita sobre una antigua iglesia visigoda, la de San Vicente, de la que se reaprovecharon varios elementos como los fustes de las columnas, que a su vez podrían ser de origen romano.




Mezquita de Córdoba


La Mezquita de Córdoba, sin lugar a dudas el edificio más importante del período califal, será una construcción que se vaya completando a lo largo de un amplio período que abarcaría desde el siglo VIII al X, a través de una serie de ampliaciones y reformas, acometidas por los sucesivos dignatarios del gobierno cordobés.



La primera mezquita es la que levanta Abd al-Rahman I entre el 786-788, sobre el solar de la antigua Iglesia de San Vicente. Consta de un haram prácticamente cuadrado, de once naves de doce tramos, situadas perpendiculares al muro de la kibla.

Tal vez uno de sus elementos más significados por su novedad y su eficacia tectónica sea el nuevo sistema de soportes empleado con función de entibo, que mejora considerablemente el empleado en Qayrawan. Se trata en este caso de una superposición de soportes, columnas en la parte inferior y pilares encima, apeados sobre una pieza cruciforme con modillones de rollo, cinchados por medio de arcos de herradura sobre los que se superpone en la parte superior un arco de medio punto. Las dovelas de los arcos presentan una dicromía característica roja y blanca. En cuanto a los soportes son en su mayoría reaprovechados de las épocas romana y visigoda.

Al exterior sólo se ha conservado la llamada Puerta de San Esteban, en realidad la Bab al-Uzara (“Puerta de los Ministros”), transformada además en época posterior, concretamente en tiempos de Muhammad I (855-856). Se dispone a modo de fachada tripartita, con frisos y arcos ciegos de herradura en las calles laterales, y en la central el arco de acceso: de herradura; despiezado al centro del arco y prolongado 1/2 de la longitud del radio, y enmarcado en un alfiz. En la parte superior la fachada se remata con un escalonamiento de merlones dentados. Esta primera mezquita se completaba con un pequeño alminar cuadrado construido en tiempos de Hisem I {788-799).



La segunda mezquita corresponde a la ampliación de Abd al-Rahman II, a partir del año 848, que derriba el viejo muro de la Kibla y prolonga así el Haram hacia el sur en ocho tramos. Se labran ya a propósito algunos capiteles, de los que sólo se han conservado los dos que flanquean el actual mihrab.



La nueva mezquita se completa en tiempos de Abd al-Rah-man III, que en la primera mitad del siglo X amplía el patio o sahn, lo dota de pórticos, refuerza la fachada de acceso al haram y construye un magnífico alminar de planta cuadrada y doble caja de escaleras, que hoy se conserva en el interior de la torre de la catedral.



La tercera mezquita es la más espectacular y está propiciada por la ampliación de AI-Hakam II.

A partir del año 962 se comienza una obra ambiciosa que empieza por derribar de nuevo el anterior muro de la kibla y volver a ampliar hacia el sur el haram en otros doce tramos, introduciéndose además en su tipología la planta en “T” que ya se había experimentado en Qayrawan. Para resaltar este espacio se construyen cuatro cúpulas gallonadas, tres en línea frente al mihrab y la cuarta sobre la nave central a la entrada del haram, configurando la maqsura o espacio preferente reservado al califa. El muro de la kibla se construye doble, con cinco habitaciones para el sabat o paso desde el alcázar para el califa y otras cinco en el lado oriental para el tesoro. Por último se abre un mihrab octogonal de singular riqueza, decorado con mármol y revestimientos musivarios bizantinos enviados por el mismísimo Nicéforo Focas, basileus bizantino. Flanqueando su acceso se conservan las columnas y capiteles que habían servido al mismo fin en el mihrab anterior de la mezquita de Abd al-Rahman II.

Todo el esplendor y las novedades plásticas que se estaban fraguando en el taller del Palacio de Madinat al~Zahara se aplican en esta ampliación, dándole el enorme esplendor y empaque ya mencionado. Entre otras novedades destaca la labra de capiteles característicos, denominados de pencas, y la utilización de un nuevo arco de herradura, trasdosado y con el despiece de las dovelas a la línea de impostas.



La cuarta y última ampliación de esta mezquita se produce durante el gobierno de Almanzor. Dicha fase no tiene mayor importancia artística porque no aporta ninguna novedad a los sistemas y materiales consabidos, y porque además al no poderse ampliar más el haram hacia el sur, lo hace en ochos naves hacia el este, lo que descentró completamente el eje axial del mihrab.



Palacio de Medina Azahara


El palacio de Medina Azabara fue construido en el año 936 por Abd al-Rahman III al norte de Córdoba (se cree que lo mandó hacer para su favorita). Era un impresionante palacio del que lamentablemente se conserva bastante poco y que conocemos gracias a los relatos que nos hablan de fastuosas fiestas y grandes recepciones para los embajadores extranjeros. Debido a la pendiente del terreno elegido, se debió organizar en tres terrazas superpuestas. En su interior se albergaban la mezquita, los baños, los jardines públicos y las estancias para la familia real. Uno de los espacios más interesantes era el Salón Rico del que sabemos que estaba suntuosamente decorado.


La mezquita de Bab-al-Mardum

La mezquita de Bab-al-Mardum (Toledo), más tarde denominada iglesia del Cristo de la luz al ser cristianizada en el siglo XII, es un pequeño espacio cuadrado dividido por cuatro columnas que sustentan los arcos de herradura. El espacio queda, por tanto, fragmentado en nueve cuadrados cubiertos con cúpulas de tipo cordobés, todas ellas diferentes entre sí. Para su construcción se emplearon elementos reaprovechados procedentes de edificios romanos y visigodos.





LOS REINOS DE TAIFAS



Tras este momento de esplendor cordobés sé produce la ruptura que se materializa en la disgregación del poder musulmán en numerosos reinos llamados reinos de taifas (1031-1091): pequeñas ciudades-estado, algunas de las cuales eran verdaderamente minúsculas, basadas, por lo general, en regímenes monárquicos. Como sucede tantas veces a lo largo de la Historia del Arte, la pobreza material correspondiente a la pobreza económica, se enmascara bajo ingeniosos y barrocos elementos decorativos que revisten las superficies de los edificios dando una apariencia externa de fastuosidad y lujo que no se corresponde en absoluto con la realidad.

Uno de los ejemplos más interesantes que nos queda de la arquitectura taifa es la Aljafería de Zaragoza, ciudad en la que se estableció una de las más importantes dinastías. Este edificio ha estado sometido a múltiples avatares a lo largo del tiempo. La puerta de ingreso está flanqueada por dos torreones que recuerdan a los de las fortalezas de los omeyas. En el interior, ricas arquerías con arcos de muy diferentes tipos: polilobulados, mixtilíneos, de herradura, apuntados, etc, Junto a Zaragoza tuvieron cierta importancia Toledo, Málaga y Granada, ciudades en las que se construyen alcazabas, es decir espacios fortificados que cumplían una función defensiva en un momento de tanta inseguridad.

Durante estos años se construyeron baños de los que conservamos EL Bañuelo, junto al río Darro (Granada). Tiene una planta rectangular alargada a la que se accede gracias aun pequeño patio provisto de una alberca que comunica con el vestuario. A continuación, se pasa al tepidarium, frigidarium y caldarium, como también sucedía en las termas romanas.





LOS ALMORÁVIDES Y SU ARQUITECTURA


Los almorávides son, en realidad, un pueblo bereber que dominaba el Magreb y que llega a la península Ibérica aprovechando la debilidad de los reinos taifas. La arquitectura almorávide se caracterizó por lo siguiente:

1.Prefirió la utilización del ladrillo para realizar pilares que van a sustituir a las columnas. El ladrillo se revestía de yeso, como ya habíamos visto durante el período taifa.
2.Se multiplican los tipos de arco empleados. En un principio se emplean arcos de herradura y apuntados, y después los mixtilíneos y los polilobulados.
3.Será frecuente encontrar bóvedas de nervios que se entrecruzan dibujando un polígono en medio o incluso con la plementería calada, como podemos ver en Tremecén. Este tipo de cubiertas influirá en el arte hispano del siglo XV.
4.Se incorpora el mocárabe al repertorio decorativo. Este había nacido en Oriente y los almóravides fueron quienes lo trajeron a Occidente.
Las mezquitas de Tremecen, Argel y Fez (esta última posee una hermosa cúpula de mocárabes entre los que se intercalan algunas veneras) constituyen algunas de las aportaciones artísticas más importantes de los almorávides.

En España los ejemplos más representativos de esta arquitectura son el castillejo de Monteagudo en Murcia y lo cúpula de una de las casas del Patio de banderas del Alcázar de Sevilla.





LA ARQUITECTURA ALMOHADE


Ibn Tumart era un bereber que fundó una nueva doctrina religiosa, dentro del Islam, y eligió la ciudad de Tinmal como centro de sus predicaciones. Allí precisamente tuvo lugar edificación de la primera mezquita almohade. En 1153 los almohades llegan a la Península y eligen la ciudad de Sevilla para establecerse, de hecho es la ciudad en que más restos arquitectónicos almohades se conservan. La arquitectura almohade no aporta grandes novedades a lo que ya hemos visto, lo que sí se produce es una mayor sobriedad en el uso de la decoración como consecuencia lógica de su rigor y rigidez religiosa. Al amplio elenco de elementos decorativos que hemos ido viendo, los almohades aportan uno nuevo: el paño de sebka. Uno de los ejemplos más interesantes de la utilización de este elemento decorativo está en la mezquita de Tinmal.

Se seguirá prefiriendo el ladrillo a la piedra y se empleará el arco de herradura apuntado o el polilobulado. Se generaliza la utilización del mocárabe, especialmente en las cubiertas. El alminar es un elemento que cobra un gran protagonismo, como lo demuestran los alminares de fa mezquita de la Kutubiyya, en Marraquesh y la mezquita de Hassan en Rabat. En ambos casos la decoración incluye piezas cerámicas que aún hoy persisten parcialmente.

En España poséemos un excepcional minarete: la Giralda. Este alminar formaba parte de la mezquita de Sevilla que fue destruida para la construcción de la Catedral. Es de ladrillo y sus muros están minuciosamente decorados con paño de sebka.

Los almohades construyeron un buen número de fortalezas y muros defensivos que se reforzaban con otra pared anterior más baja llamada barbacana. En estas murallas defensivas, cada cierto espacio, se colocaba una torre desde la que se divisaba la llegada del enemigo. Las torres podían estar un poco adelantadas con respecto a la propia muralla y eran denominadas barbacana. De este tipo de torres se conservan ejemplos en las ciudades de Cáceres y Badajoz. La torre del Oro (Sevilla) es una construcción octogonal defensiva ubicada en un lugar estratégico (en este caso, servía para cerrar con cadenas la entrada de la ciudad a través del río). La torre era denominada «del oro» por estar revestida de azulejos que producían destellos dorados.

En el Alcázar de Sevilla es posible que existan algunas partes, como el Patio del yeso, realizadas en época almohade, pero esto es muy difícil asegurarlo por las numerosas intervenciones y transformaciones que ha conocido.





LA ARQUITECTURA NAZARÍ

Los nazaritas o nazaríes fueron los últimos representantes del poder del Islam en la península Ibérica. Se establecieron en la Península en el año 1237 y desaparecieron, aunque no definitivamente, en 1492, cuando los Reyes Católicos los expulsaron junto a los judíos de Castilla. El reino nazarí se funda cuando los musulmanes de Arjona, localidad próxima a Jaén, proclaman sultán a Muhammad Ibn Nasr Ibn al-Ahmar. Este toma Granada en 1237 convirtiéndola en la capital de su sultanato y erige, precisamente allí, un bello palacio: La Alhambra.

En la arquitectura nazarí la mezquita pierde gran parte de su importancia y se ve desplazada por el palacio.

Los palacios nazaritas son sobrios, y aparentemente pobres en el exterior, pero enmascaran interiores de una riqueza decorativa insuperable. Se suelen organizar en torno a un patio en el que generalmente existe un estanque o alberca, ligado al concepto de jardín coránico, en el que se refleja el cielo y el edificio. Se escucha el rumor del agua que discurre por las canalizaciones y fuentes. Abunda la vegetación y especialmente las plantas aromáticas como el mirto. Elementos estos que nos remiten al paraíso coránico. Como podemos observar, se trata de crear un universo particular en el que se integra la naturaleza con la arquitectura y en el que se persigue el goce de los sentidos.

Los materiales constructivos son de manera general bastante pobres. Se emplea frecuentemente el arco túmido ligeramente peraltado. Hay gran diversidad de sistemas de cubrición, se recurre a todos los que se han venido utilizando hasta este momento. La columna suele de ser de mármol, bastantes estilizadas pues tendrán más una función ornamental que estructural, y tiene plinto y basa. El capitel nazarí es absolutamente original: el primer cuerpo es cilíndrico con una cinta y el segundo es cuadrado y decorado con elementos vegetales que tienden a la esquematización.

La decoración es el punto fuerte del arte nazarita. Gracias a ella se enmascara la pobreza del material con el que se construyen los edificios. La decoración epigráfica suele ser tanto cúfica como nesjí. Las inscripciones son bastante frecuentes y tienen dos significados: puede ser de carácter divulgativo y entonces nos aportan datos sobre el autor de algún elemento o el personaje que ha mandado construir esta obra, o bien son textos poéticos que enfatizan la función de la arquitectura. Se recurre también al alicatado, que repite formas geométricas, las yeserías y la madera (se policroman algunos de estos materiales en rojo, negro, azul , verde, oro, etc. .

EL Generalife es una de1as obras que mejor ilustran lo que fue el arte nazarita. Era un inmenso palacio construido en dos terrazas y dotado de múltiples servicios. En el centro se situaba el Patio de La Acequia con una bella escalera de agua rodeada de vegetación.

Pero sin lugar a dudas el palacio nazarí por excelencia será la Alambra.



La Alhambra (Al-Qalat Ahmra)


El conjunto palacial de La Alambra está constituido por dos construcciones diferenciadas: por una parte el Palacio del Generalife, el primero que se construye (data del último cuarto del S. XIII, si bien será reconstruido por Ismaill en 1319 y se halla fuera del recinto fortificado de La Alhambra, concretamente en una colina diferente), y por otra, el amplio entorno amurallado conocido propiamente como La Alhambra.

La Alhambra propiamente dicha se construye sobre una colina rojiza que dará nombre a la fortaleza, la sabika, sobre el río Darro y frente al Albaicín conociéndose por ello con el nombre de Al Qalat Ahmra o "Fortaleza roja".

Lo primero que se construye es el recinto amurallado protegiendo la colina, obra que inicia el propio Muhammad I al poco de establecer la capital en Granada en el siglo XIII, así como la alcazaba o recinto militar que habría de complementar su amurallamiento. La alcazaba, presenta planta trapezoidal irregular, con su vértice angulado dominando desde lo alto la ciudad. Destaca en este primer recinto la Torre de la Vela o de la Campana, en su parte mas avanzada, y algo mas retirada la Torre del Homenaje, que en su parte alta estaría reservada a la residencia del sultán.



A continuación se desarrollará la edificación de un Palacio de recreo, El Partal, por Muhammad III. Es el más antiguo de la Alhambra formado por un pabellón cubierto por una cúpula, una torre anexa, llamada De las Damas y una amplia alberca delante. Tal vez su parte más representativa sea precisamente su pórtico de entrada, precedido como es habitual por un sereno estanque, y formado por cinco amplios arcos angrelados, siendo el central más ancho y alto que el resto.



Pero será durante el S. XIV, cuando la edilicia palatina de La Alhambra alcance todo su esplendor, bajo el mecenazgo de dos de sus sultanes más activos: Yusuf I y Muhammad V. El primero construye diferentes puertas de acceso: las de la Justicia y la de las Armas; reforma el Baño Real; construye también la Torre de la cautiva en el recinto amurallado, y el Torreón de Comares. Por su parte Muhammad V construye el Palacio de los Leones; completa el Palacio de Comares; remodela el Mexuar del mismo palacio, y abre la Puerta del Vino.



El mexuar



Es la sala más primitiva de estos conjuntos palaciegos. Era la audiencia y justicia para casos importantes. Tenía una cámara elevada cerrada por celosías donde se sentaba el sultán a escuchar sin ser visto. Es difícil saber cómo se construyó originalmente por las muchas restauraciones sufridas.

Encontramos cuatro columnas en el centro de la sala, con ménsulas de mocárabes. Sobre la cenefa de yeso existente se puede leer: «Todo lo que poseeis procede de Dios». El techo, de época cristiana, es un alfarje con decoración de lacería. La pared, en su parte alta, está decorada con yeserías, dorados y pinturas, mientras los zócalos son de alicatados de azulejos ya cristianos.



Desde aquí se accedía a través del patio y el cuarto dorados al primero de los Palacios, el de Comares. Ambas estancias sirven de entrada al Palacio de Comares, construídas por Mohamed V. En el patio, destaca el alero original de madera de cedro, decoración de piñas y conchas. Bajo él, ventanas cerradas con celosías. Toda la decoración es uno de los mejores ejemplos del arte nazarí: ataurique, lacería, epigrafía,…

En el patio, existen dos puertas rectangulares bordeadas de cenefa de cerámica , una que conduce al palacio oficial y otra que no conduce a ningún lado para confundir a los asaltantes y ladrones. Sentado bajo al espléndida fachada recibía el sultán a sus súbditos.



Palacio de Comares



El Palacio de Comares recibe su nombre del árabe qamriyya o qamariyya con que en Oriente se conocen las vidrieras de colores (Comarias), que tendría sin duda el Salón de la Torre de Comares. También se le conoce con el nombre de Los Arrayanes por los arbustos de esa especie que flanquean el estanque del patio central. En líneas generales, el Palacio está formado por el famoso Torreón de Comares, obra de Yusuf I, debiéndose el resto del Palacio a la profunda reforma realizada por su hijo Muhammad V a partir de 1362.



El conjunto se organiza en torno al Patio de los Arrayanes, de forma rectangular. Su gran estanque central (34 por 7 m.) se integra como un elemento arquitectónico más y se convierte en un gran espejo que provoca una espacialidad ilusoria y dinámica. El efecto es provocar una deconstrucción del espacio arquitectónico haciéndolo inmaterial e ilimitado

En sus lados mayores se situaban los aposentos y harenes mientras que los menores quedaban reservados a la parte representativa, oficial. Es aquí donde se situaban las principales dependencias, con galerías porticadas en los extremos, situándose al norte la Sala de la Barca y la Sala de los Embajadores, que ocupa el interior de la Torre de Comares, la más importante de todas mientras que las del lado sur quedaron destruidas al construirse el Palacio de Carlos V. La riqueza de sus interiores, sobre todo tras las reformas de Muhammad V, contrastaba con el ambiente austero, militar, del exterior, algo característico de la arquitectura nazarí. Ello se vería acompañado por la presencia de objetos portátiles artesanales que, aparte de mostrar el poder del príncipe, reforzaban estas tendencias plásticas pues repetían en sus decoraciones los motivos de los revestimientos.

Los pórticos de los lados menores presentan columnas sobre basas muy estilizadas, realizadas en mármol, y que resultan de una delicadeza y fragilidad extremas con un capitel que combina dos modelos, ambos de forma cúbica, pero mientras uno destaca por sus hojas de acanto muy estilizadas y atauriques, el otro modelo presenta decoración de mocárabes. Los arcos de medio punto (ligeramente peraltados, angrelados unos de mocárabes otros, más amplio el central) así como los lienzos de muro calados con decoración de sebka e inscripciones de alabanza a Dios, carecen de función estructural y son meramente decorativos.

•Salón del Trono
En el interior de la Torre de Comares se encuentra el famoso Salón del Trono o de Embajadores. El enorme grosor de las paredes de esta Torre permite abrir en los lados Norte, Este y Oeste, tres alcobas en cada uno de ellos. En la situada en el lado Norte, justo enfrente del arco de entrada a la Torre se encontraba el Trono de Yusuf I. En este Salón los sultanes granadinos celebraban sus actos solemnes.

La decoración es la habitual en el conjunto palacial: zócalo inferior de alicatados y sobre él decoración de yeserías que en un alarde de horror vacuii emplea todo tipo de recursos ornamentales, lacería, ataurique y caligráfica.

Se cubre la Sala con una enorme techumbre de madera con apariencia de bóveda esquifada con decoración de mocárabes en el cubo central, yeserías de ocho y dieciséis puntas, más siete círculos concéntricos en los faldones. Podría tratarse de una representación simbólica de los siete cielos del Paraíso Islámico, con el trono de Dios situado en el octavo cielo (el cubo central decorado con mocárabes).



Esta sala es así el ejemplo perfecto del carácter del arte nazarí: una arquitectura del revestimiento, que a modo de epidermis oculta la estructura del edificio. La ilusión de un espacio sin límites y de la inmaterialidad de muros, pilares, columnas y bóvedas, que parecen desvanecerse en el espacio a través de juegos cambiantes de luz y color a través de diferentes efectos: juegos de luces y sombras (abigarramiento decorativo), de brillos (cerámica), de entreluces (celosías que tamizan la luz y la hacen mudable). A este carácter mutable contribuirán también la disposición reiterativa y repetitiva de los elementos decorativos, que se multiplican hasta el infinito, y la introducción de nuevos elementos como el agua.



Palacio de los Leones



Hasta fechas muy recientes se pensó que si el Palacio de Comares era la sede oficial del sultanato nazarí, el de Los Leones serviría como residencia privada del sultán. Hoy sabemos sin embargo, que la función de este nuevo Palacio era la misma que la de Comares, de tal modo que la intención de Muhammad V al construirlo sería la de levantar una réplica al Palacio de su padre, colocando su trono en el llamado Mirador de Lindaraja y estableciendo su despacho en la llamada Sala de las dos Hermanas. Por ello, muchos autores abandonan la interpretación tradicional, que contraponía el palacio de Comares con carácter público y el de Leones con carácter privado. De hecho, a pesar de su estructura geométrica no presenta una relación lógica con el palacio de Comares. De hecho se encontraba aislado de éste y con una entrada independiente (algunos siguen hablando de una estructura unitaria para el conjunto). En ello seguiría la tendencia de muchos palacios musulmanes que crecen de forma orgánica por adicción de elementos en un marco de aparente caos laberíntico sin puntos focales definidos.



Su construcción data del primer período de reinado del propio Muhammad V entre 1354 y 1359, porque cuando vuelve al trono en 1362, el Palacio sirve de marco a las fiestas de su nueva entronización.

La estructura del palacio repite el mismo esquema ya estudiado. Presenta planta rectangular con una fuente en el medio que es la que da nombre al palacio, con lo que sigue el esquema característico de patio de crucero. Su aspecto más peculiar es que dispone una estructura cruciforme, con dos templetes en los lados menores, que avanzan hacia el patio, de tal forma que la interrelación espacial es plena, no distinguiéndose fácilmente cuándo empieza el jardín y cuándo acaba la edificación. Otra peculiaridad es que en los cuatro lados del patio se abren pórticos o galerías, a base de arquerías sobre columnas de mármol, particularmente frágiles.



En sus cuatro lados encontramos 4 pequeñas fuentes que manan hacia el estanque central, la “fuente de los leones”. Al parecer sería una analogía con el Paraíso musulmán y sus 4 ríos. La fuente central se apoya en leones, al parecer realizados en el siglo XI. Representan las 12 tribus de Israel. Dos de ellos tienen un triángulo en la frente indicando las dos tribus elegidas: Judá y Leví. La taza lleva escrita en su perímetro versos del ministro y poeta Ibn Zamrak en los que bellamente se describe la propia fuente

Los capiteles responden al mismo esquema ornamental ya estudiado en el Palacio de Comares, siendo igualmente de dos tipos, o de hojas de acanto muy estilizadas o de mocárabes. Los arcos siguen actuando como pantallas visuales, siendo o bien de mocárabes, o festoneados.

La decoración es igualmente profusa, con azulejos en los zócalos, y encima yeso y madera, que reproducen todo un repertorio infinito de temas caligráficos, atauriques y lacerías.



Alrededor del Patio se disponen como es habitual, el resto de las estancias palaciegas: en el lado Norte, la Sala de las dos Hermanas; al sur la Sala de los Abencerrajes; y en los lados mayores, al oeste, la Sala de los Mocárabes, y al este la Sala de los Reyes.

Debido a que el arte islámico la forma no sigue a la función, y a que una misma forma arquitectónica puede servir para varias funciones y una función determinada puede adoptar diversas formas arquitectónicas, se ha tenido que recurrir a las inscripciones árabes que decoran profusamente el monumento para identificar la función, y con dudas, de estas estancias. La primera, la Sala de las dos Hermanas, constituía el mexuar del palacio; la de los Abencerrajes, servía de aposento a los banquetes y festines de invierno; la sala de los Mocárabes serviría de vestíbulo de entrada al recinto palaciego, y finalmente la Sala de los Reyes estaba ideada para organizar los banquetes y fiestas de verano.



En definitiva, las construcciones de Muhammad V en la Alhambra alcanzan el máximo esplendor del arte nazarí en su versión ornamental y a la vez constituyen el canto del cisne de la ciudad palatina. Muy lejos ya los difíciles tiempos guerreros del sultán fundador, se apuesta abiertamente por una arquitectura del ocio, integrada por palacios, salones dorados y jardines, mansiones para el placer de los sentidos, en las que arquitectura y naturaleza se entrelazan sutilmente.



Otras estancias. El Baño Real



Al Este del Palacio de Comares se localiza el Baño Real, que contiene inscripciones alusivas a Yusuf I, aunque lo más probable es que este sultán sólo reformara los baños, y que éstos estuvieran construidos con anterioridad dada su perentoria necesidad. En tiempos tal vez de Ismaill (1314-1325).

Desde el patio de los Arrayanes se accedía a los Baños. Primero a la propia vivienda del sultán, y después a las dependencias características de una terma o baño: apodyterium o vestuario, en lo que se llamó Sala de las Camas; el caldarium o Sala Caliente; y tepidarium o sala templada, de masajes y relajación.

La decoración es la habitual, aunque habría que añadir en las sala caliente claraboyas cenitales de forma estrellada en las bóvedas, como elemento de iluminación cenital y para sangrar el vapor. Dichas bóvedas se trazan en forma de cañón apuntado.



En conclusión, el conjunto palaciego de la Alhambra es el ejemplo perfecto del carácter del arte nazarí: una arquitectura del revestimiento, que a modo de epidermis oculta la estructura del edificio. La ilusión de un espacio sin límites y de la inmaterialidad de muros, pilares, columnas y bóvedas, que parecen desvanecerse en el espacio a través de juegos cambiantes de luz y color a través de diferentes efectos: juegos de luces y sombras (abigarramiento decorativo), de brillos (cerámica), de entreluces (celosías que tamizan la luz y la hacen mudable). A este carácter mutable contribuirán también la disposición reiterativa y repetitiva de los elementos decorativos, que se multiplican hasta el infinito, y la introducción de nuevos elementos como el agua.

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